El sesgo de género en el diagnóstico de trastorno del espectro autista

Trastorno de espectro autista en mujeres

El sesgo de género en el diagnóstico del TEA: por qué muchas mujeres llegan tarde al diagnóstico

Durante décadas, el conocimiento clínico sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) se ha construido principalmente a partir de estudios realizados con niños. Esto ha tenido una consecuencia importante: los criterios diagnósticos y las herramientas de evaluación se han desarrollado y validado, en gran medida, sobre perfiles masculinos.

Este hecho ha generado lo que hoy conocemos como sesgo de género en el diagnóstico del TEA, un fenómeno que explica por qué muchas mujeres con trastorno del espectro autista no son identificadas durante la infancia o adolescencia, y reciben el diagnóstico mucho más tarde, en la edad adulta.

Comprender este sesgo no implica hablar de “otro tipo de TEA”. Se trata, más bien, de formas diferentes de expresión y adaptación dentro del mismo espectro.

 

Un modelo diagnóstico construido sobre perfiles masculinos

Históricamente, la investigación sobre trastorno del espectro autista ha estado centrada en niños que presentaban perfiles relativamente visibles: dificultades sociales claras, intereses restringidos muy evidentes y conductas repetitivas fácilmente observables.

Muchas de las pruebas diagnósticas actuales fueron diseñadas y estandarizadas tomando como referencia estos perfiles. Como resultado, las manifestaciones más frecuentes en niñas y mujeres pueden quedar fuera del foco de evaluación.

Esto puede provocar que algunas mujeres no alcancen los puntos de corte establecidos en las pruebas de evaluación, a pesar de presentar un funcionamiento claramente compatible con el espectro autista.

El problema, por tanto, no está en la existencia de un “TEA femenino diferente”, sino en que los instrumentos clínicos no siempre captan todas las formas en que el TEA puede expresarse.

 

El papel del enmascaramiento

Uno de los factores que más contribuye a esta infra-detección es la alta capacidad de enmascaramiento o compensación social que muchas mujeres desarrollan desde edades tempranas.

El enmascaramiento consiste en aprender, de manera consciente o inconsciente, estrategias para adaptarse socialmente:

  • Observar y copiar comportamientos de otras personas
  • Preparar mentalmente conversaciones
  • Controlar gestos o expresiones para parecer “adecuadas”
  • Imitar normas sociales aprendidas

Estas estrategias pueden permitir que la persona pase relativamente desapercibida en contextos sociales, especialmente durante la infancia o la adolescencia.

Sin embargo, este esfuerzo constante suele tener un coste elevado en términos de agotamiento psicológico, estrés y sensación de desconexión con la propia identidad. En este sentido, algunas mujeres se encuentran en una etapa adulta de sus vidas en la que han estado tan pendientes de cómo había que comportarse que llegan a no saber quiénes son, qué les gusta, o cómo encajar sus preferencias, gustos o necesidades en el contexto social.

 

Cuando no se detecta el TEA, se detectan los síntomas

Cuando no se identifica el trastorno del espectro autista, lo que suele aparecer en la consulta son los efectos secundarios del esfuerzo adaptativo mantenido durante años.

En muchos casos, las mujeres reciben diagnósticos relacionados con síntomas que, en realidad, pueden estar conectados con un TEA no reconocido, como por ejemplo:

  • ansiedad crónica
  • depresión
  • problemas psicosomáticos
  • fatiga intensa o burnout

También es relativamente frecuente la presencia de problemas gastrointestinales, como: síndrome de intestino irritable, enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa

Estos cuadros se abordan de forma aislada, sin que necesariamente se explore la posibilidad de que exista un perfil neurodivergente subyacente que explique o que pueda ayudar a comprender los síntomas que presenta la persona.

 

El impacto de un diagnóstico tardío

Muchas mujeres llegan al diagnóstico de TEA en la edad adulta, después de años —o incluso décadas— de intentar comprender por qué ciertas situaciones sociales, sensoriales o emocionales les resultan especialmente difíciles.

El diagnóstico tardío suele ir acompañado de una mezcla de emociones: «alivio» al encontrar una explicación coherente o «comprensión» al hacer una retrospectiva de muchas experiencias vitales

Más allá de la etiqueta diagnóstica, identificar el TEA permite reorganizar la comprensión de uno mismo, ajustar expectativas y acceder a apoyos más ajustados.

Por qué es importante hablar de este tema

El sesgo de género en el diagnóstico del trastorno del espectro autista es hoy una cuestión ampliamente discutida en la investigación y la práctica clínica. Visibilizarlo es importante por varias razones: en primer lugar, ayuda a comprender por qué tantas mujeres han permanecido invisibles para los sistemas diagnósticos tradicionales. Además, permite reconocer el sufrimiento prolongado de muchas personas que han vivido durante años con la sensación de que “algo no encajaba”, sin encontrar una explicación clara. Por último, impulsa una revisión necesaria de las herramientas de evaluación, con el objetivo de captar mejor la diversidad real de perfiles dentro del espectro autista.

 

 

Teresa Bautista - Psicóloga
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